sábado, 9 de janeiro de 2010

Octavio Paz: DOIS CAPÍTULOS

(OCTAVIO PAZ)


Luxo. Duas vezes. Fernando Pessoa/Álvaro de Campos em versão de Octavio Paz. Depois, Álvaro de Campos na crítica de Octávio Paz.



TABAQUERÍA



No soy nada.

Nunca seré nada.

No puedo querer ser nada.

Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.

Ventanas de mi cuarto,

Cuarto de uno de los millones en el mundo que nadie

Sabe quién son

(Y si lo supiesen, ¿qué sabrían?)

Ventanas que dan al misterio de una calle cruzada constantemente por la gente,

Calle inaccesible a todos los pensamientos,

Real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta,

Con el misterio de las cosas bajo de piedras y los seres,

Con el de la muerte que traza manchas húmedas en las paredes y vuelve blanco el pelo de los hombres,

Con el del destino que conduce el carro de todo por la calle de nada.

Hoy estoy vencido como si supiese la verdad,

Lúcido como si estuviese para morir

Y no tuviese más hermandad con las cosas que la de una despedida y esta casa y las que siguen

Se vuelve la hilera de vagones de un tren.

Y hay un largo silbido

Dentro de mi cráneo

Y hay una sacudida en mis nervios y crujen mis huesos en la arrancada.

Hoy estoy perplejo, como quien pensó y encontró y olvidó,

Hoy estoy dividido entre la lealtad que debo

A la Tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,

Y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.

Fallé en todo.

Como no tuve propósito alguno tal vez todo fue nada.

Lo que enseñaron

Lo eché por la ventana del traspatio.

Ayer fui al campo con grandes propósitos.

Encontré sólo hierbas y árboles

Y la gente que había era igual a la otra.

Dejo la ventana y me siento en una silla. ¿En qué he de pensar?

¿Qué puedo saber de lo que seré, yo que no sé lo que soy?

¿Ser lo que pienso? ¡Pienso ser tantas cosas!

¡Y hay tantos que piensan ser esas mismas cosas que no podemos ser tantos!

¿Genio? En este momento

Cien mil cerebros se creen en sueños genios como yo,

Y la historia no recordará, ¿quien sabe?, ni uno,

Y sólo habrá un muladar para tantas futuras conquistas.

No, no creo en mí.

¡En tantos manicomios hay tantos locos con tantas certezas!

Yo, que no tengo ninguna, ¿soy más cierto o menos cierto?

No, en mí no creo.

¿En cuántas buhardillas y no-buhardillas del mundo

Genios-para-sí-mismos a esta hora están soñando?

¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas

- Sí, de veras altas y nobles y lúcidas –

Quizá realizables,

No verán nunca la luz del sol real ni llegarán a oídos de la gente?

El mundo es para los que nacieron para conquistarlo

No para los que sueñan que pueden conquistarlo, aunque tengan razón.

He soñado más que todas las hazañas de Napoleón.

He abrazado en mi pecho hipotético más humanidades que Cristo.

He pensado en secreto más filosofías que las escritas por ningún Kant.

Soy y seré siempre el de la buhardilla,

Aunque no viva en ella.

Seré siempre el que no nació para eso,

Seré siempre sólo el que tenía algunas cualidades,

Seré siempre el que aguardó que le abrieran la puerta frente a un muro que no tenía puerta,

El que cantó del cántico del Infinito en un gallinero,

El que oyó la voz de Dios en pozo cegado.

¿Creer en mí? Ni en mí ni en nada.

Derrame la naturaleza su sol y su lluvia

Sobre mi ardiente cabeza y que su viento me despeine

Y después que venga lo que viniere o tiene que venir o no ha de venir.

Esclavos cardiacos de las estrellas,

Conquistamos al mundo antes de levantarnos de la cama;

Nos despertamos y se vuelve opaco;

Salimos a la calle y se vuelve ajeno,

Es la tierra entera y el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido. (CONTINUA...)




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