sábado, 30 de janeiro de 2010

A un reconocido ser

(Pintura de Ana Marques sobre poema de Fernando Pessoa)

No soy Walt Whitman, pero con él aprendí a ver con ansiedad los seres desconocidos que pasan, y muchas veces, reconocerlos. Es cierto que pude reconocerte sin haber conocido tu cara, tus ojos o tus gestos.

A mí bastaron tus palabras. Cuando me regalas tus memorias y emociones, tus valores y esperanzas, sueños e indignaciones, puedo reencontrar mis propias experiencias. No hace mucho tiempo pude tranquilizarlas. De pronto ya te digo: ¡con bastante esfuerzo!, y repito, solamente tranquilizarlas. Restan (restarán siempre) dudas, perplejidades y angustias. Desde ahí el dolor; la reacción incómoda más allá de la emoción de reconocerte hermano en alma. Como decía, me encontraba en un descansillo cuando por mi pasaste. Verdad, y de pronto pensé que no tenías el derecho de interrumpir mi pequeño descanso. Créame: me costó tener algún reposo. Pero ahora que estoy despierta arrojaron sobre mí las viejas memorias, y pienso - ¿por qué no? - tal vez viejas ideas.

Sí, hay algo de viejo, de revisitado, tal vez equivocado, en todo lo que sentí. Y, al mismo tiempo, algo de precioso. Son nuestras ambivalencias. Como un cristal que amamos, lo perdemos y de repente lo reencontramos.

Todo cambia entretanto… hasta los cristales. Bueno, la verdad es que las emociones también pueden envejecer y las ideas endurecerse. Al comienzo hubo, es cierto, un turbión de emociones y después, sin derecho, es cierto también, empecé a reflexionar sobre tu testamento.

Sé que tengo una perspectiva muy particular de las cosas, sea por defecto profesional, sea por género – soy una mujer, hay una particularidad irreversible en eso y a mí me gusta – nunca fui propiamente una feminista -, o por personalidad tal vez, y hasta, quien sabe, por desconfianza. Quizás. El facto es que miro primero al individual, al singular; éste es siempre mi punto de partida. No me olvido del social, no, no, no… lejos de eso; soy bien consciente, incluso que el social viene antes; al principio, el social hace el individuo. Bueno, ahora que también soy una ‘niña’ madura, - y que no pudo ser débil - pienso que nuestras (por supuesto debería decir mías, pero en verdad veo a mí y a nosotros; y cuando me identifico con tus palabras siento las cosas como ‘nuestras’), yo decía, pienso que nuestras desilusiones – ¿por que no decir fracasos? - vinieron de equívocos y dentro de estos – lo más importante desde mi punto de vista - el olvido, el abandono, quizá la huida, la negación del individuo. Y en ese caso, la huida de si mismo. Y tal vez ahora, en nuestros días, ellos, nosotros, los ‘individuos’ estén vengándose. Pues que hoy existen solamente ‘individuos’. Independientes y aislados. Individuos, no personas.

Peleamos por las igualdades, la justicia, los derechos. Éramos jóvenes y sinceros, y la injusticia era total. Yo sé. Pero ¿peleamos por la verdad entera? ¿Podíamos vernos a nosotros mismos? Pues, las personas no son iguales; el contrario, son muy grandes las diferencias; hay los malos y los buenos. Eso es muy difícil para nosotros todos. Los hijos de Platón.

¿Sabes por qué Tommy Joad y Raskolnikov fueron, y son, nuestros héroes? Porque son únicos, dos en millones de millones… Puede ser que encontremos más dos o tres. Entonces si me permites, te cuento – (tendrás que… ya que despertárteme) – mi primer chorro de pensamientos tras leer tus palabras: ¿Por que te sentías aún tan frágil o débil si el coraje marca tu vida y salta de cada palabra tuya como un felino salvaje? No sé si puede hacerse pedidos a amigos cuando se parte para no más volver. ¿Quién estará sólo? Los amigos, lo pienso. Y fuiste un fuerte. Además, ahora casi nadie es sensible. Casi todos se armaron en grandes grupos y, si pobres, hacen de su pobreza una mercancía. O se ciñen con cinturones de bombas que se explotan antes que podamos invitarlos a la nuestra barricada. Hoy no hay Raskolnikov… y si hubiera no tendría dudas ni culpas. Tendría solamente un problema: la usurera no es más una viejita inútil; en verdad, ¿cuál de los a su alrededor no será un usurero? Él no tendrá dificultades para ir a la universidad, éstas reciben cualquier moneda. Y tampoco, creo, él deseará otra cosa que no sea ganar más dinero. Será muy fácil saber lo que quiere el fiscal interrogador: dinero… venga de donde venga…

¿La amistad? ¿La solidaridad? ¿Qué son? Son vínculos y esos necesitan personas que los hagan… y ya no hay personas. Hay cosas, muchas cosas. Hombrescosas, cuerposcosas, pobrezascosas…; todo es objeto, ¡solamente objetos! Hay cambios. Hay ventas y ganancias. Sin embargo, no sabemos quién son nuestros amigos o enemigos. Muchos se fueron para no volver, otros cambiaron de modos, caras y pensamientos… y hasta, créame, se convirtieron curas porque, hoy, hay incontables iglesias que son muy ricas porque venden un lugar en el paraíso. Ríete: basta que ofrezcan un lugar en un paraíso con mujeres vírgenes a la disposición y uno se explotará tranquilo en nombre de Dios; no importa quién o cuantos podrán morir. Ixtlan? Muy bien, Don Juan dejó su catarata y vendió sus revelaciones para Paulo Coelho que las industrializó y las vende en las tiendas de 1,99. Lo siento, pero no hay más inocentes, pobres y oprimidos. ¡Todo es una sola y pura mierda! El ‘Otro’, los ‘Otros’, ‘Nosotros’, todos somos apenas seres asquerosos, omnipotentes, ridículos, rasos, tal vez vacios. Huecos de cuya borde cuelgan pendientes brillosos: oro, oro, oro… Sólo mercancías. Sí, finalmente somos todos iguales. Somos idénticos. Y esos, ¿qué quieren? ¿Qué restó? ¿Qué pueden hacer los iguales? Solo una cosa: competir. Y la competición que importa: la carrera, naturalmente. Disfrazada en la nobleza de tener una profesión de respeto, vámonos todos a la carrera… Como el conejo de Alice, siempre retrasados, y seguimos corriendo. ‘No tengo tiempo para nada’ es el lema mayor. El mejor que tenemos. Y así perdemos todo el tiempo, porque lo consumimos para llegar en primer lugar. Ser el primero: es la única diferencia que resta a los iguales. Y estar sólo, naturalmente. Eso es todo. No hay personas: hay profesionales. Y una profesión: vendedores. Tuve amor por todos los humanos, pero a mí me parece que todos se fueron.

No. Esa no es toda la verdad porque, de súbito, el imponderable de la vida se presenta, y entonces me apareces tú. Si al comienzo me molestó, ahora te agradezco… aunque ya no crea en las revoluciones o contra-revoluciones, en la lucha de las clases, y ni siquiera en el principio económico de los cambios. Hablas de peleas, ¡nuestras peleas! No hay más peleas: hay genocidios y competiciones. Entretanto si pudiste mantenerte lúcido e indignado y hablaste de aquella manera, tengo que preguntarme: ¿quién eras? Solamente cuando obtuve una respuesta, comprendí tenerte reconocido sin haberte conocido, y el dolor que tus palabras causaban. Fuiste un poeta, es mi respuesta. Por eso eras un combatiente todavía. Sí, ahora creo solamente en esos militantes, cuya contienda es antes, y siempre, en el interior de si mismos. Creo que la misión – si hay una, personalmente prefiero sueños - se cambió de todo: tenemos que crear nuevos conceptos, nuevas palabras, es decir, nuevos significados. Inventar personas que inventen sueños. Alguien que quiera lo imposible, que sea un realista. Es que eso no fue comprendido, a pesar de los cuarenta años ya pasados.

Por fin y al cabo: te prometo mantener mi barricada; la única que hace sentido hoy, y también la única de que se sirven los poetas: la propia piel. Gracias a tí por no omitirte, y gracias a Antonio y Dani por me haber te presentado.

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