sábado, 6 de fevereiro de 2010

Da Literatura 1



(…)

“- Escribir, ¿no sería siempre la reafirmación de una esperanza? Si no, ¿para qué hacerlo?


- Creo que ya le cité a Nietzsche: un pesimista es un idealista resentido. Si modificamos levemente el aforismo diciendo que es un idealista desilusionado, de ahí podríamos pasar a sostener que es un hombre que no termina nunca de desilusionarse; ya que hay en la condición psicológica del idealista una especie de inagotable candor. Así como la desilusión nace de la ilusión, la desesperanza surge de la esperanza; pero una y otra son, curiosamente el signo de la profunda y generosa fe en el hombre.


-?Un escéptico de verdad ¿tendrá en realidad interés en escribir sólo para comunicar que todo está perdido?

-Los escépticos, los que nunca creen en nada, tampoco llegan a ser pesimistas. Por eso la literatura de hoy, la más poderosa y genuina, jamás desciende al mero escepticismo, como tan a menudo lo hacía en los encantadores tiempos de Anatole France: incurre en la trágica desesperación que sigue al derrumbe de una fe y que casi invariablemente es el anuncio de otra. El hombre necesita un orden, una estructura sólida en la que hacer pie. Creyó hallarla en el orden científico y ya dijimos cómo le fue. En vastos movimientos los hombres se precipitaron entonces hacia nuevas religiones laicas o políticas, cuando no se reintegraron al ámbito de las antiguas y auténticas religiones. En estas condiciones surgió la nueva literatura. Primero, como una ansiosa investigación del caos, como un examen de la condición del hombre en medio del desbarajuste. Luego, y a través de esa indagación, como un intento más o menos oscuro de ofrecernos también ese orden que necesitamos, un rumbo en medio de la tempestad.


-Se dice que el escritor es un aguafiestas. ¿No resulta contradictorio que el escritor se levante contrala hipocresía sabiendo de antemano que será rechazado?


-Es cierto que el escritor trata de echar abajo los falsos valores de una sociedad regida por fetiches o por farisaicos y pequeños dioses burgueses, pero habría que ver qué piensa en la soledad un representante de esa sociedad; se lee, probablemente se sentirá sacudido.”



- Una conciencia inquieta?


- Es probable. No se olvide que hoy en día estamos involucrados todos. El orbe novelístico es el mundo de los deseos, de lo sueños e ilusiones, de la realidad que no fue o no pude ser: siempre un poco la tendencia a realizar lo contrario de lo que nos rodea. De ese modo, en el siglo del orden burgués proclamó el desorden y la anarquía, y héroes como Raskolnikov pusieron bombas debajo de los puentes y vías de comunicación de la hipócrita sociedad en que sufrían. Pero ahora, cuando las guerras totales y los totalitarismos nos han traído el caos universal, la novelística busca inconscientemente una nueva tierra de esperanza, una luz en medio de las tinieblas. Se ha destruido demasiado. Y, cuando lo real es la destrucción, lo novelesco puede ser la construcción de alguna nueva fe, siquiera a través de un gesto de un solo personaje.” (…) [continua amanhã)



CODA: IN Entre la letra y la sangre, Conversaciones con Carlos Catania – Ernesto Sabato, Seix Barral , Buenos Aires, 2003.



Nenhum comentário:

Postar um comentário