quinta-feira, 25 de fevereiro de 2010

DOIS TOQUES


“Cuenta la Odisea que, luego de los diez años que duró la guerra de Troya, Odiseo, uno de los principales generales griegos, emprendió su regreso anhelado a su hogar: Ítaca. Pero no iba a ser este un retorno fácil, ya que otros diez años pasarían antes de que pudiera pisar su reino. En el camino de vuelta a los brazos de su esposa Penélope y su hijo Telémaco, hubo de pasar por los dominios de la bruja Circe. Ésta, enamorada de Odiseo, lo hizo víctima de un hechizo con el fin de retenerlo y convirtió a sus marinos en cerdos para que ninguno pudiera escapar. Y en ese estado permanecieron hasta que el héroe reconoció en aquellos animales a sus amigos, y a partir de este reconocimiento les devolvió su naturaleza humana.

Metáfora fantástica de lo que ocurre en la vida: sólo a partir del reconocimiento del otro, del lugar que el otro nos da, es cómo vamos encontrando nuestro sitio en su deseo y en la vida.

Cuando el bebé descubre la cara de su madre, sonríe y se relaja, porque en ella se ve reconocido y lee en su mirada: éste es mi hijo. Algo parecido ocurre con la madre, quien también de codifica en esa sonrisa relajada que ha sido reconocida como tal.

El deseo es, en definitiva, la única arma que tenemos para enfrentar a la muerte. Porque si no tuviéramos deseos deberíamos pensar todo el tiempo que nos vamos a morir. Movidos por su fuerza, en cambio, emprendemos epopeyas, escribimos libros, nos enamoramos, estudiamos o simplemente transitamos la vida de la mano de aquellos que, con su reconocimiento, nos hacen renovar permanentemente las ganas de crecer y nos invitan a inventar, siempre, un proyecto más.”

CODA: in El hambre, por Gabriel Rolón, in QUID, Nº 22, revista bimestral de cultura urbana, Argentina, junho/2009.

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