quinta-feira, 5 de junho de 2014

A ESCRITA: segundos estudos 7




 
“Mencionamos  Sócrates porque él constituye un buen modelo. Con frecuencia la etimología echa luz sobre las palabras,  es bueno recordar que ‘educar’ significa desarrollar, realizar lo que está potencialmente en el muchacho, hacer crecer el germen que tiene en su espíritu hasta hacerle tener su propio hijo. La labor del maestro, tal como lo veía Sócrates, era más bien la de un partero, no la de un fabricante. Y cómo suscita el maestro ese proceso? Promoviendo el asombro ante los profundos y misteriosos problemas que plantea  la realidad. A poco que se considere, todo es asombroso. Lo que sucede es que estamos embotados por la costumbre y ya no nos admira que el hombre tenga dos ojos en lugar de uno o de tres o de ninguno. Nos reímos si alguien nos habla de cinocéfalos, de hombres con cabeza de perro, como aquellos que imaginaban en otro tiempo. Pero por qué ha de ser más asombroso un hombre con cabeza perruna que otro con cabeza humana? Vivimos rodeados por lo fantástico y hasta por lo inverosímil, pero no nos asombramos porque nos han quitado esa asombrosa capacidad, madre de toda sabiduría, y a eso ha contribuido una enseñanza mecánica y mecanizadora. Ya ni los niños se asombran cuando ven por televisión a un hombre caminar por la Luna, cuando los más grandes físicos y matemáticos saben que se trata de una hazaña  descomunal y dificilísima. Usted tuvo algún profesor que lo incitase al planteo de los interrogantes que pueden suscitarse a cada paso?
-          No, que yo recuerde.
-           Ya lo ve, cuando eso debería constituir la norma de toda educación. (…)”.

In Entre la letra y la sangre, Conversaciones con Carlos Catania, Ernesto Sabato, Seix Barral, Buenos Aires, 2003.

Ernesto Sábato, mi padre

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